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Colombia no está preparada para la sátira

  • Felipe Salazar Arbeláez /
  • 21 jul 2017
  • 2 Min. de lectura

A propósito del debate entre el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el columnista y youtuber Daniel Samper Ospina, el autor rescata algunos referentes del humor político en Colombia que se valieron de la sátira para denunciar a los poderosos.

Si bien, el objetivo central de la sátira es atacar de manera diferente a las élites y líderes políticos, en Colombia no ha sido una opción periodística bien recibida dentro de estos grupos.

A lo largo de su historia Colombia ha sido una cuna de humoristas encargados de retratar la actualidad del país de una forma salida de lo convencional. Durante décadas, Lucas Caballero Calderón (Klim) dio cátedra de humor en la prensa, así como Alfonso Castillo Gómez, con humor de situaciones, pero sobre todo político. En los años setenta apareció en Cromos Ricardo Arbeláez, El Alacrán, retratando la política y la actualidad en diferentes géneros periodísticos. En caricaturas, fotomontajes y textos cortos

expresó su pensamiento liberal atacando a líderes conservadores y hasta de su mismo partido. Y es que en eso consiste la sátira, en atacar libremente, de manera burlesca al que se lo merezca.

Jaime Garzón fue un satírico innato, su final dejó ver que el humor en Colombia no ha sido visto como una expresión libre, sino como una amenaza a los poderes. El político no es capaz de reírse de sí mismo, pues, acartonado en su papel, al verse ridiculizado, se siente débil y vulnerable, objetivo que han logrado varios satíricos. El caso de Daniel Samper no es sino un ejemplo más de la amenaza y temor que siente un político al verse atacado por un periodista; el juego de la provocación cumplió a cabalidad su meta: exhibir a un Uribe prepotente y cegado por el poder.

La sátira hace que un periodista se enfrente a sus contradictores con tan solo una frase hiriente y directa, como funciona en redes sociales, donde el periodista se ha convertido en un enemigo carnal de las élites y sus seguidores. Aunque pase el tiempo y se diga que la palabra ha perdido su poder, hoy vemos como está más fuerte que nunca. Ojalá haya más satíricos dispuestos a incomodar a quienes nos quieren callar y desprestigiar. Por ahora, y como lo muestra la historia, Colombia no está preparada para la sátira.

*La foto es la carátula del libro que escribió Felipe Salazar como trabajo de grado. Un homenaje al genial humorista político de la revista Cromos y de varios espacios radiales en los años 60 y 70.

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