El fotógrafo que pesca galaxias
- Óscar Mauricio Moreno - omorenoo@javeriana.edu.co
- 18 abr 2018
- 5 Min. de lectura
Juan Carlos Pabón, un publicista de 45 años, ha dedicado toda su vida a la televisión, pero ahora quiere dedicarse a su verdadera pasión: la fotografía. Después de pescar su primera galaxia, practica desde hace diez años la astrofotografía (fotografía al espacio profundo) como aficionado que empezó a capturar estrellas con una cámara de pilas.

Juan Carlos Pabón // Foto de óscar Moreno
Después de comprar su primer telescopio en Ciudad de Panamá, volvió a Bogotá al día siguiente, armó un grupo de amigos y se fue a Villa de Leyva, Boyacá, un lunes de 2010 para ensamblar su nuevo armatroste y cumplir con su capricho celeste. En la finca de doña Lola, un lugar donde se puede hacer camping cerca al Monasterio del Santo Eccehomo, se quedó observando el cielo toda la noche. No encontró ninguna galaxia.
“Cuando era pequeño me gustaba la serie Cosmos, de Karl Sagan, y al momento de encontrarme con el cielo era más bien encontrarme con un conocimiento latente pero escondido. Cuando llegué a Villa de Leyva tenía mucha ilusión de observar, veía grupos de estrellas con forma de “J” o de cuadrado, pero si uno no conoce el cielo es difícil hacerlo atractivo. Ahí es donde la fotografía entra en acción”, dice Juan Carlos. Esa vez en Ciudad de Panamá, deseoso de ver una galaxia, duró tres horas buscando por sus calles el primer telescopio. Se compró un Celestron OVNI 150, un telescopio reflector (que refleja la luz al visor por medio de espejos cóncavos) que ni la vendedora sabía cómo usar.

“Era como julio de 2011 y fui al desierto de la Tatacoa (a 38km de la ciudad de Neiva) para una fiesta de estrellas —evento de aficionados a la astronomía que, en silencio y quietud, se reúnen en un discreto cóctel para ver estrellas— y con un compañero logramos encontrar la galaxia de Andrómeda. Esa fue la primera foto decente que pude tomar y me dije: ‘Bueno, sí se puede tomar fotos al espacio
“Mientras más atmósfera haya, hay más distorsión en la foto, entre el lente y
los cuerpos” // Cortesía de Juan Carlos Pabón
profundo’'" recuerda Juan Carlos. Después de investigar por internet acerca de la astrofotografía, decide invertir en un telescopio capaz de tomar fotos. “Los telescopios son como los carros, puedes comprar un Ferrari o un pichirilo, entonces hice ya una inversión grande para comprarme un reflector newtoniano (lleva la luz del lente al visor por medio de unos espejos internos). Es mi favorito. Es muy luminoso y da imágenes muy cristalinas”, afirma Pabón.
Debido a su horario de trabajo, no podía ir todos los días a ver estrellas y el cielo no siempre es óptimo en Colombia para tal fin, así que Juan Carlos solo podía seguir su pasatiempo en el momento indicado: “El mejor momento para ver el cielo es en diciembre. De enero a febrero es bueno y luego de junio hasta septiembre; el resto es muy nublado, noviembre no sirve. Entonces hago salida en cinco festivos durante el año”. Tardó dos años en tomar una foto que él considerara decente tras aprender a cotejar el cielo y saber cómo buscar los cuerpos celestes, encontrarlos y capturarlos contando los intervalos que programaba con el telescopio.
La astrofotografía es una actividad que se hace en sitios aislados. Lejos de la contaminación lumínica de la ciudad, lejos de smog, de los postes, de los carros y las casas; allá, en la oscuridad, se instalan los equipos y se prosigue a mirar hacia arriba, en silencio, toda la noche donde el frío de 5°C y 0°C de madrugada y el cansancio dificultan el uso de la mente y las manos. “Son fotos de gran exposición, pero lo valen. Hay que tomar muchas fotos en un intervalo de dos a tres minutos. Tienen que ser exposiciones parejas y sin moverse para que las estrellas queden puntiformes y no como rayas”, dice. Después de cada sesión, el material recopilado pasa por un proceso llamado “apilado” en el que se suma la luz de cada foto y se quita el ruido digital (grano).
En su estudio hay carros a control remoto deshuesados, un trípode y una cámara, un monitor que se enorgullece de correr Windows XP, un sextante (instrumento para determinar la posición de un astro) y una granja de hormigas abandonada por sus ocupantes. También se encuentra lo que parece una guillotina de papel. Resultó ser un proyecto personal que explica los carros de juguete desmembrados. “Es una base que demoré 6 meses en construir y me ayuda a crear y componer Timelaps (toma de fotogramas que crea imágenes en movimiento). Lo que tiene es un cerebro que controla a cuánta distancia toma una foto, digamos 2mm cada tres minutos, y si lo pongo en una noche de trabajo de cuatro o cinco horas me crea un timelap con movimiento, en un lenguaje que se llama shoot, move, shoot” muestra. En una acción exuberante captura el cielo o la ciudad. Donde quiera que lo plasme exprime la belleza de la noche en unos segundos.

Juan Carlos dice que no saca el telescopio en un sitio que no conoce. Primero, necesita una salida previa con una sola cámara para ver si el lugar es seguro y si se puede confiar, pues el montaje de una “locación” es muy escandaloso: Todo el equipo de acampar (carpa, sillas y mesas plegables); tres cámaras fotográficas
Última foto que tomó de la galaxia de Andrómeda (2017) // Cortesía de Juan Carlos Pabón
(una de mano, otra para hacer timelaps y la que va al telescopio); un anillo T (el acople de la cámara al telescopio), y la montura (un motor que programa al telescopio a seguir los cuerpos celestes conforme el movimiento de la tierra).

La foto se toma directamente desde la cámara que usa el telescopio como una lente // Cortesía de Juan Carlos Pabón
“Duré yendo donde doña Lola cinco veces al año durante dos años explorando el cielo, frustrado sin ver casi nada; eso sí, le llevaba galletas o un mercado y me traía a Bogotá mis huevitos campesinos y tomaticos de huerta. Desde el 2011 hasta hoy empecé a ir al desierto de la Tatacoa y tomé fotos serias. En 2013 fui a Monguí, Boyacá, con unos amigos; en 2015, al Hato, y en 2017, a la Laguna Negra, en Boyacá. Es una actividad de mucha concentración. La búsqueda y captura es mejor si se hace solo. Así que los astrofotógrafos son, por lo general, solitarios”, comenta
Ellos están esparcidos a lo largo de Colombia, pero no se asocian de manera concreta por dos razones “La única forma en la que nos reunimos es durante las fiestas de estrellas, donde conocí a Gustavo Obando, quien me unió a la Asociación de Astrónomos Autodidactas”. Otro momento de encuentro entre los astrofotógrafos es el Festival de Astronomía de Villa de Leyva, donde se reúnen quienes se especializan en tomar fotos al sol, a la luna y los eclipses. Mientras que Pabón se concentra en cuerpos del espacio profundo como nebulosas y constelaciones.

"No soy fotógrafo, ni astrónomo; pero si soy astrofotógrafo" // Foto de óscar Moreno
—Al final lo que cuenta es la experiencia, ¿no?
—Uno se mama el frío, el calor, el hambre, las salidas frustradas, el mal clima o la soledad porque vale estar ahí para un cielo estrellado, sentir la inmensidad del universo y que te conectas con algo gigantesco. Estar ahí, buscando y esperando para pescar galaxias.